Reseña del libro "Hacia la ecomorfología. Entre la utopía y la realidad" de Anna Bofill

Libro "Hacia la ecomorfología. Entre la utopía y la realidad" de Anna Bofill. Edición a cargo de Ana Gilsanz. Ediciones Asimétricas, 2024. 

Reseña publicada originalmente en Fronterad: https://www.fronterad.com/el-hogar-es-una-proyeccion-de-nuestra-psique-o-arquitectura-y-utopia/


Anna Bofill (Barcelona, 1944) es arquitecta y compositora con una larga trayectoria profesional. Encontramos algunas de sus obras musicales en esta web y algunas de sus obras arquitectónicas aquí. Destaco el edificio Walden7 en Sant Just Desvern (Barcelona), inaugurado en 1975, obra del colectivo Taller de Arquitectura, del que ella era parte fundamental. He visitado esta obra con Anna Bofill como cicerone, y la considero el proyecto de vivienda colectiva más interesante de Barcelona, junto a la Casa Bloc de 1932-36 (diseño de Josep Lluís Sert, Josep Torres Clavé y Joan Baptista Subirana). Recordemos que 1936 es el año de inicio de la Guerra Civil Española, y 1975 es el año del fallecimiento del dictador Francisco Franco. Los dos proyectos son formas arquitectónicas que cristalizan un deseo –utopía– de convivencia social en dos momentos históricos concretos –realidad–.

En 1971, Anna Bofill era una joven profesional de la arquitectura comprometida con los cambios que la sociedad española reclamaba. Ese año, Bofill inició la escritura de este libro que concluyó en 1973. Luego, el texto quedó guardado en un cajón durante décadas. En 2022, la arquitecta Ana Gilsanz inició una investigación sobre Anna Bofill y descubrió estas páginas olvidadas en el estudio de Bofill en Walden7, el edificio donde todavía vive. Editaron el texto original y lo publicaron con Ediciones Asimétricas en 2024. El libro, de plena vigencia ante los retos que nuestras sociedades enfrentan hoy día, obtuvo el Premio FAD Pensamiento y Crítica 2026 (ex-aequo).

La intención del libro era “ser un ensayo sobre una manera de pensar y un método de proyectar arquitectura, las ciudades y el entorno habitado. Es la racionalización de un proceso educativo hecho esencialmente por mí y discutida fundamentalmente con José Agustín Goytisolo” (pág. 13). Bofill plantea la ecomorfología “como disciplina para abordar el estudio de la forma del entorno construido en todos sus niveles escalares y para recalcar específicamente las interrelaciones entre los seres humanos y las formas de los entornos habitados. Un concepto construido por la necesidad de tratar la totalidad de la forma del entorno en el que vivimos y su dependencia del medio” (pág. 14). Son palabras que suenan actuales.

La ecomorfología emerge como la compresión integral del ecosistema de una sociedad: naturaleza, construcción artificial, símbolos, ritos y rutinas de las instituciones, etcétera, configuran un todo que nos da forma, y al que damos forma con cada uno de nuestros actos. Bofill indica que estos actos tienen que ser conscientes para lograr una sociedad inclusiva y respetuosa con todos sus organismos, donde no haya lugar para ningún tipo de violencia; es decir, para conseguir una sociedad sostenible y eficaz en el tiempo.

La consciencia espacial es imprescindible para alcanzar esta meta. La autora se apoya en las teorías de Jean Piaget y Norberg-Schulz para observar y analizar el entorno donde intervendrá como arquitecta. El espacio y el tiempo es una realidad material emparejada que experimentamos sensorialmente. El cuerpo –con sus necesidades biológicas, anímicas, afectivas, etcétera– altera el espacio que lo circunda para saciar esas necesidades. Si no consigue alterarlo adecuadamente, el cuerpo perece. Así sucede individual y colectivamente. El hogar es una proyección de nuestra psique, dice la autora, con todas sus complejidades, contradicciones y certezas. La ciudad es la condensación de todas las psiques individuales. La arquitectura tiene que estudiar todo eso antes de proyectar una transformación de los espacios que luego habitaremos. Para lograr su objetivo, la arquitecta es consciente del espacio de dos maneras: como experiencia sensorial y afectiva a través del cuerpo; y como pensamiento abstracto geométrico-matemático. En la intersección entre ambas nacerá el proyecto arquitectónico.

La obra espacial de Anna Bofill, sobre todo en la década de los 70´ –dentro del colectivo Taller de Arquitectura–, es la cristalización geométrica de esa intersección a partir de combinaciones geométricas: “El proceso que utilizo para la obtención de formas contiene un recurso muy interesante que es el de la recursividad. Se basa en la teoría algebraica de los movimientos rígidos en el plano y en el espacio, en la generación de los grupos de movimientos que dejan la figura invariante y en la formación de redes en el plano y en el espacio” (pág. 47). Así nace, por ejemplo, Walden7. La obra contiene un orden intrínseco, fruto de las leyes abstractas propias de la disciplina, para responder a necesidades específicas de la sociedad local, dentro de un contexto histórico universal. La autora matiza: “La arquitectura y el urbanismo deberían ocuparse de las formas directamente atendiendo a sus leyes internas, mientras que la política, la ingeniería, la economía debería de tener como fin los mecanismos de regulación y control de esas formas» (pág. 38).

Anna Bofill, una artista ejemplar por su compromiso con la ciudadanía democrática, confía en la arquitectura como disciplina transformadora de la sociedad: “puede utilizarse la forma como empuje hacia nuevos usos y, por lo tanto, hacia un cambio de ciertas estructuras sociales esclerotizadas y de ciertos mecanismos de operatividad caducas e ineficaces” (págs. 40-41). La obra surge en el punto de equilibrio entre la utopía y la realidad. Si quitamos la utopía, la obra construida no produce cambios; si borramos la realidad, la utopía es mera fantasía.

Nota: Cápsula audiovisual con Anna Bofill en Scalae donde ella presenta el libro.