La Conversación ANIDAR con Andrés Donoso (Ecuador) se celebró el 12 de marzo de 2026 en el canal youtube de Arqa. También participó el arquitecto Carlos Benavides, de Bogotá, quien colaboró con Jorge Raedó en las preguntas a Donoso.
(Vídeo también en el canal youtube de Arqa: https://www.youtube.com/live/2YZ0k2hzXjE?si=9OsG5a9boufvg572)
La conversación se divide en tres partes. La primera trata sobre los antecedentes y factores que se conjugaron para la conformación de un nuevo estándar de infraestructura escolar en el Ecuador de 2007-2016; la segunda, sobre los modelos de gestión que se produjeron previos al estándar definitivo; y la tercera, sobre los quiebres y permanencias de las Escuelas del Milenio.
Los Objetivos del Milenio planteados por la ONU apuntaron a que todos los niños y las niñas del mundo tuvieran una formación completa en todas las etapas de su desarrollo. Ahí se enmarca la política pública de Rafael Correa: que todos los menores de Ecuador se formaran desde la educación inicial hasta el bachillerato. El boom económico, gracias a los precios del petróleo, permitió un gran proyecto nacional para construir nuevos centros educativos de calidad por todo el país. El Ministerio de Educación del Ecuador planteó un diseño variado y adaptado a las diversidades climáticas y culturales del país; sin embargo, poco después se abandonó este plan para uniformizar la propuesta arquitectónica de las Escuelas del Milenio. Incluso hubo interferencias no profesionales —hasta del mismísimo presidente del país— que decían cómo tenían que ser esos colegios. La principal preocupación política fue crear una imagen uniforme de los colegios en toda la nación; es decir, que todo el mundo reconociera que esos centros se construyeron bajo una cierta presidencia.
Como consecuencia de esta actitud poco dada al diálogo entre el campo de la educación y la arquitectura, los diseños construidos con el estándar final obviaron el conocimiento aportado por decenas de buenos ejemplos de los siglos XX y XXI, tanto en América Latina como en otras partes del mundo. Incluso obviaron los aciertos de los primeros diseños de las Escuelas del Milenio, hechos mediante concursos públicos. Tampoco promovieron la participación del profesorado y las familias de cada zona donde se iban a construir las escuelas; no se adaptaron los esquemas compositivos a las realidades climáticas y tecnológicas locales, ni los diseños se acoplaban a objetivos pedagógicos bien definidos.
Como resultado, las Escuelas del Milenio construidas a partir del estándar definitivo sí aumentaron el porcentaje de cobertura educativa nacional (damos por sentado que cumplen con todas las normas de sismorresistencia y constructivas), pero no crean atmósferas educativas cálidas, acogedoras y estimulantes para una educación contemporánea. Por ejemplo, las aulas son simples, sin riqueza espacial que fomente varios ambientes dentro de ellas para diversas metodologías pedagógicas, y casi sin permeabilidad funcional entre el interior y el exterior. Asimismo, la relación entre el complejo educativo y el entorno urbano que lo acoge es opaca, sin un diálogo espacial que potencie el sentido de pertenencia.
Andrés Donoso señala las virtudes de la estandarización en un proyecto de escala nacional como las Escuelas del Milenio. Él considera que una buena estandarización, fundamentada en objetivos pedagógicos y eficiencia económica, sí podría ser flexible y adaptarse a las realidades climáticas, tecnológicas y culturales de un país diverso como Ecuador. Junto a la alegría que nos produce la construcción de tantos colegios, nos queda un poso de tristeza porque sabemos que, con el mismo presupuesto y tiempo, los proyectos podrían haber quedado mejor.
Carlos Benavides recuerda los aciertos que la ciudad de Bogotá ha tenido en la construcción de colegios en los últimos 25 años y señala que la clave es encontrar el equilibrio entre la calidad y la cantidad, entre los recursos (de tiempo, espacio, dinero y humanos) y el diálogo interdisciplinar imprescindible para alcanzar la mejor obra posible. Sin embargo, los siguientes presidentes de Ecuador se limitaron a construir más Escuelas del Milenio iguales a las ya construidas: sin más reflexión, sin más estudio ni autocrítica, y sin una verdadera ambición arquitectónica ni pedagógica que posibilite la mejor educación para la infancia y la juventud ecuatoriana.
La conversación con Andrés Donoso despierta nuestro optimismo ante futuras iniciativas nacionales y locales: partir de los conocimientos acumulados en la historia reciente de la arquitectura escolar; mantener el diálogo entre el sector educativo y el arquitectónico; fomentar la participación de los protagonistas del proceso educativo de cada lugar; respetar la identidad cultural local; y apoyar una voluntad política pragmática y profesional en todas las fases del proceso —sin ímpetus mesiánicos “refundadores de la patria”, sea del signo político que sea—.
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Carlos Alberto Andrés Donoso Paulson, PhD.
Nacido en Guayaquil, Ecuador. Obtuvo el título de Arquitecto en 1984 por la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. El título de Master en Administración de Empresas por la Escuela Politécnica del Litoral y el título de Doctor en Diseño por la Universidad de Palermo en Buenos Aires, Argentina.
Después de practicar la profesión de forma independiente y de un corto paso por la función pública en temas de gestión de establecimientos educativos, ocupando la Dirección Regional de Servicios Educativos, desempeña en la actualidad la docencia en las Facultades de Arquitectura de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil y la Universidad Casa Grande.
Consecuencia de su investigación realizada en su tesis doctoral donde analiza las intersecciones entre el diseño arquitectónico y las políticas públicas educativas, utilizando las Escuelas del Milenio en el Ecuador durante el periodo 2007-2016, está en prensa el libro: Transformaciones en la tipología de la Arquitectura Educativa Pública en la ciudad de Guayaquil durante la década 2007–2016.
















































