Libro "Casas y escuelas. La aportación de Mary y David Medd a la arquitectura escolar británica de posguerra" de Paula Lacomba Montes, publicado por Fundación Arquia, 2025.
Mi reseña publicada originalmente en Fronterad: https://www.fronterad.com/mary-y-david-medd-una-composicion-espacial-de-la-educacion-britanica/
Mary y David Medd: una composición espacial de la educación británica
Los proyectos arquitectónicos para la educación de la infancia y la juventud son consustanciales a cualquier sistema educativo, ya que la educación sucede en un espacio y un tiempo concretos que tienen que diseñarse para propósitos pedagógicos definidos. Observen que, cada vez que un estado o ciudad quiere transformaciones profundas en su sistema educativo esto a menudo va acompañado de una propuesta arquitectónica donde esa voluntad sea posible. Por ejemplo, los buenos colegios diseñados por el arquitecto español Antonio Flórez Urdapilleta –construidos principalmente bajo el Plan de Construcciones Escolares de 1922 para Madrid, y luego en la Segunda República Española en otras ciudades de España a través de la Oficina Técnica de Construcciones Escolares– respondieron a los principios de renovación pedagógica de la Escuela Nueva y del Instituto Libre de Enseñanza.
Actualmente, la arquitecta Paula Lacomba Montes investiga la relación entre la arquitectura y la pedagogía. Su enfoque se centra en los procesos colaborativos, multidisciplinares y respetuosos de reflexión, diseño y construcción que conducen a los óptimos resultados espaciales y educativos. Su libro Casas y escuelas. La aportación de Mary y David Medd a la arquitectura escolar británica de posguerra estudia el caso de estos arquitectos británicos. La autora señala: “Este libro constituye el inicio de una serie de casos que forman parte de una investigación extensa a propósito de la humanización de los entornos de aprendizaje en Europa, a través de transformaciones espaciales que guardan similitudes con la arquitectura de la casa” (p. 176). Prosigue: “El foco se pone en cómo una cultura específica y sus particularidades tienen un impacto en la arquitectura y están, tanto de manera consciente como inconsciente, presentes en la forma de pensar y hacer de las arquitectas y los arquitectos o, como diría Butler, inscritas en sus cuerpos” (p. 176).
El Reino Unido, después de la Segunda Guerra Mundial, estaba sumido en una crisis económica enorme. Los hombres y las mujeres regresaban del campo de batalla y de las fábricas de armas para continuar –o empezar– la vida con sus familias: una nueva generación de niñas y niños nacía y todos querían la paz. Se necesitaban colegios para la educación, pero ¿qué educación era necesaria en este nuevo Reino Unido? Una fuerte raíz tradicional –identidad como pueblo– atravesaba la cultura y la educación británica. A la par, desde los primeros años del siglo XX, una corriente política y social británica renovadora que trabajaba para limar desigualdades sociales se convirtió, después de la victoria sobre las dictaduras, en una gran ola de transformación. Así lo explica la autora: “El término estado de bienestar, o welfare state, se consolidó en Europa después de 1945 como reacción a las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Este concepto surgió como contraposición al warfare state o estado de guerra, característico del régimen totalitario en Alemania. El desarrollo de los estados de bienestar europeos durante la posguerra implicó una amplia gama de políticas y programas colectivos orientados a fomentar una sociedad democrática, como reacción a los procesos de modernización de principios del siglo XX y a la devastación de las dos guerras mundiales” (p. 11).
Uno de los programas públicos del Ministerio de Educación fue el Development Group, perteneciente al Architects & Building Branch, que desarrolló las nuevas bases para el diseño de escuelas tras la Ley de Educación británica de 1944” (p. 12). Mary Medd (1907-2005) y David Leslie Medd (1917-2009) formaron parte del Development Group desde finales de la década de los cuarenta hasta los años ochenta. Ambos, junto a arquitectos, ingenieros, docentes y estudiantes de jardines infantiles y colegios, inspectores escolares, administradores, políticos y familias, tejieron una red de colaboración y complicidad. Este esfuerzo colectivo construyó un conocimiento compartido que desembocó en la edificación de unas treinta escuelas que favorecían la educación deseada. Paula Lacomba, respondiéndome a una pregunta hecha por correo, matiza: “La influencia del Development Group fue mayor que la de esas poco más de treinta escuelas. El grupo desarrolló prototipos, sistemas de prefabricación, principios de planificación, mobiliario y estándares que, posteriormente, las autoridades educativas locales aplicaron en miles de escuelas construidas durante la posguerra. El Development Group construyó deliberadamente solo un pequeño número de Development Projects, concebidos como modelos de referencia cuyas enseñanzas podían difundirse posteriormente tanto a escala nacional como internacional”.
En el libro, la autora analiza cinco de esas treinta escuelas en las que los Medd estuvieron muy implicados. La publicación consta de tres partes: la primera parte es un análisis de la composición espacial de los cinco proyectos construidos, cuya estrategia de diseño es la built-in variety (variedad integrada). Este concepto se refiere a la variedad de partes predeterminadas que se combinan entre sí; por su parte, los planning ingredients son aquellos ingredientes que, según cómo los compongas, producen una obra u otra.
Los Medd definieron planning ingredients esenciales como el hall (vestíbulo) de acogida y agrupamiento, las home bases –donde se concentran cada grupo de estudiantes–, las bays (bahías). Estas últimas se separan sutilmente de las anteriores para crear espacios más pequeños dedicados a acciones más específicas como leer o pintar. Asimismo, incluyeron áreas más cerradas que ofrecen interiores protectores, zonas de trabajo general y los exteriores de transición. El corazón de la composición es el centre, un espacio que aúna todas las partes para albergar grupos amplios de estudiantes y a varios profesores. No existen dos centres iguales, ya que cada uno responde a necesidades distintas según la edad de los estudiantes, la orientación solar y la función educativa; por ello, un mismo colegio contiene varios centres diferenciados entre sí.
Lacomba compara el centre con el classroom (aula) y con el classroom-unit (unidad-de-aula). El classroom es la típica aula que, de forma similar a una caja de zapatos, consta de un espacio único con puerta y ventanas que se repite en planta tantas veces como haga falta. El classroom-unit –como las diseñadas por Saarinen, Scharoun o Hertzberger en el siglo XX– consta de un espacio principal al que se añaden áreas secundarias, tanto interiores como exteriores. Esta variedad espacial favorece acciones educativas diversas: leer, pintar, contar cuentos, realizar agrupaciones numerosas de estudiantes o divisiones en pequeños grupos. Una vez diseñada la classroom-unit se repite sobre la planta las veces requeridas. En cambio, el centre nunca se repite y siempre es diferente. Su concepto nos recuerda a la planta de la famosa Escuela Infantil Diana de Reggio Emilia, inaugurada en 1970, la cual se compone de cuatro agrupaciones espaciales esquineras –que funcionan como centres– en torno al patio central. Una de las principales aportaciones de este libro es, precisamente, hacernos notar que el centre representa un paso más allá de la classroom-unit.
La segunda parte del libro estudia la motivación histórica de esta composición arquitectónica por partes y el ambiente doméstico que los Medd imprimieron a sus diseños. La arquitectura de casas rurales y palacios campestres del Reino Unido, desde hace siglos, ofrece bastantes ejemplos de la composición por partes en torno a un hall interior, así como del cuidado por el confort interior con telas, muebles o alfombras. Lacomba compara perspectivas dibujadas de estas viviendas con fotografías de sus escuelas construidas, para evidenciar la influencia del estilo o de la atmósfera que se transmite de unas a otras. Esta es la segunda gran aportación de libro: la autora demuestra la influencia de la cultura espacial y arquitectónica británica en las nuevas concepciones de los espacios educativos de los Medd. Aunque la autora no lo explicite, esta atmósfera también influye en la práctica educativa de las docentes.
La tercera parte del libro se enfoca en el proceso de diseño de los Medd, el cual va desde el interior al exterior. Es decir, primero los arquitectos estudian qué acciones educativas sucederán; cada acción conlleva unos movimientos corporales, un ritmo de trabajo y concentración, y unas interacciones específicas entre los estudiantes. Cuando este mapa de acción educativa está claro, los Medd proyectan el entorno físico-espacial que lo posibilita. Aquí yace el tercer mérito del libro: recordar que la forma final de un buen edificio nace del estudio de las necesidades de sus habitantes; y que dicho estudio solo es válido cuando se concibe como un proceso participativo entre todos los actores implicados.
Este libro, publicado por Fundación Arquia, constituye un buen ejemplo de rigor y calidad en su edición. Tanto el diseño de la portada como la selección del papel y la cuidada reproducción de fotografías y dibujos evidencian un minucioso trabajo de producción. Por ello, felicitamos a dicha institución por su encomiable labor editorial en favor de la difusión de la cultura arquitectónica.





























