Taller con estudiantes de arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, febrero-mayo 2026

Taller con catorce estudiantes de arquitectura -del 4º al 9º semestre- de la Universidad Nacional de Colombia -UNAL- en Bogotá, desde febrero hasta mayo de 2026. 

El taller, con el formato de Seminario de Actualización y Formación Avanzada -SAFA- de 36 horas en doce sesiones, es continuación de la investigación doctoral que llevé a cabo con la Universitat de Girona y la Universidad Nacional de Colombia. En las doce sesiones participaron unas 50 niñas y niños del jardín infantil del campus de la UNAL y sus cuatro profesoras. En cuatro de las doce sesiones también participaron la Dra Sandra Durán Chiappe y 25 de sus estudiantes de la Universidad Pedagógica Nacional -UPN-. Este taller SAFA es presentado oficialmente por la Dra Silvia Arango.

El objetivo del taller es que los estudiantes de arquitectura diseñen juguetes o materiales didácticos para niños de 3 a 5 años. El punto de partida teórico es la conciencia espacial topológica definida por Piaget e Inhelder en 1948. El contacto directo con los niños en cada sesión permite a los estudiantes de arquitectura observar cómo interactúan con sus diseños, escuchar los comentarios de sus profesoras, intercambiar impresiones con las estudiantes de la UPN, para con todo ello, mejorar los diseños semana tras semana. 

 

Diseño de Ana Lucía Laverde 

Diseño de Javier Reyes

Diseño de Leonardo Díaz y Sara Rodríguez


Diseño de Silvana Barragán
 
 
Diselo de Alejandra Díaz
 
 
Diseño de Gabriela Dueñas
 
 
Diseño de Gabriela Dueñas
 
 
Diseño de Mariana García
 
 
Diseño de Santiago Aranda
 
 
Diseño de Yuliana Villota


 
  
Diseño de Zoé González
 
 
 
 Diseño de Laura Colorado
 
 
Diseño de Christian Valbona
 
Diseño de Jeraldin Guerrero 
 

Mariposas y arquitectura para la memoria del conflicto

Por Mónica del Pilar Uribe Marín 

Compartimos la entrevista con la arquitecta colombiana Fabiola Uribe (Lunárquicos) realizada por la periodista Mónica del Pilar Uribe Marín y publicada en el periódico británico The Prisma. Uribe explica cómo surgió y transcurrió el proyecto «Casa para Mariposas» sobre la infancia, la memoria y el conflicto armado colombiano.

Las fotos que añadimos corresponden a la exposición, con los resultados de más de un año de trabajo, exhibida en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación en Bogotá, entre el 29 de abril y 29 de junio de 2026. El artículo original en The Prisma muestra fotos del proceso de creación con los jóvenes protagonistas.

MARIPOSAS Y ARQUITECTURA PARA LA MEMORIA DEL CONFLICTO

Un año de talleres y creación da lugar a “Casa para Mariposas”, proyecto que culmina en una exposición de memoriales arquitectónicos hechos por niños y niñas víctimas del conflicto. La iniciativa, excepcional en Colombia, transforma memoria y dolor en espacios vivos, proponiendo una forma sui géneris de pensar la paz desde la infancia. 

Mónica del Pilar Uribe Marín / The Prisma, The Multicultural Newspaper*

Alejandra* era muy pequeña cuando a su pueblo y a su casa entró la guerrilla. Iban en busca de su tío. Era de noche y todos dormían. La balacera terminó tan abruptamente como empezó y todo quedó en silencio. Fue cuando advirtieron que el tío seguía en el cuarto. Allí lo hallaron muerto en la cama, con disparos en la cabeza y el cuerpo. La tristeza inundó a la familia.

La tragedia en la historia de Antonio* es una página distinta. Sus abuelos eran artesanos tejedores. Su madre le contó que un día vinieron unos hombres armados para arrebatarles la casa. Todo fue muy rápido y tuvieron que huir sin sus pertenencias, incluso dejaron los hilos y el telar. A todos los abrazó el desamparo y el desarraigo.

En otra geografía, Irene, hija de lideresa, creció en una familia de artesanos del totumo, el tejido y la música. Cuando tenía 9 años su padre le contó que un día salió con un compañero hacia una vereda en busca de totumos para hacer maracas. De repente “aparecieron unas personas malas que les dijeron que los matarían si no se quedaban.  Mi papá se escondió detrás de una casa, en un cobertizo, y desde allí vio cómo asesinaban a un muchacho y escuchó cómo amenazaban a sus amigos para que dijeran dónde estaba él. Se quedó casi tres días encerrado sin agua ni comida. Al principio se oían gritos, llanto y balas, después solo silencio. El dueño de la casa pudo sacarlo con vida.”

Con Maribel* y Ramiro* las cosas son distintas porque las huellas en su memoria las han tatuado los animales. En el caso de Maribel se trata de un gato. “Yo adoraba ese gatico, era hermoso, hasta que unas personas en represalia por yo estar en el grupo armado lo mataron frente a mis ojos pasándole un carro por encima. Dijeron que era un accidente, pero yo sabía que no”. Este hecho violento la impresionó hondamente y se dio cuenta “que había mucha gente que estaba muy brava” con ella.

Y lo de Ramiro sucedió hace tiempo: un grupo armado entró a San Jacinto y en el enfrentamiento que sostuvieron guerrilla y policías murieron habitantes del lugar. Uno de ellos fue su tío. Recuerda que era una buena persona y que le gustaba ir mucho a la finca con sus primos y jugar con ellos fútbol, béisbol y a las escondidas. Él le había regalado un loro. Tras su muerte, cada vez “que yo veía el lorito me acordaba de mi tío”. Poco después murió el ave.

Quienes narran estos hechos violentos son menores. Tienen entre 9 y 17 años y por sus vidas ha transitado demasiado dolor, miedo y pérdida. Están marcados por el desplazamiento y el reclutamiento forzado y son oriundos de San Jacinto (Bolívar); Catatumbo (Norte de Santander); Arauca, Cauca y Putumayo, regiones que en Colombia han sido escenarios de violencia.

Pero estas narraciones han dejado de ser fragmentadas gracias a un proceso que inició en 2019. Detrás de esa iniciativa está la arquitecta Fabiola Uribe, directora y fundadora de “LunÁrquicos: Práctica experimental de arquitectura para niños”, quien en conversación con The Prisma explicó cómo este proyecto fue tomando forma hasta convertir esas memorias en ejercicios de creación arquitectónica.

Las primeras mariposas

Ese 2019 el Museo de Arquitectura “Leopoldo Rother”, de la Universidad Nacional, organizó la exposición “Víctimas”, un memorial obra del arquitecto neoyorquino John Quentin Hejduk, en homenaje a las víctimas del holocausto. Los organizadores llamaron a Fabiola ya que LunÁrquicos es un colectivo en Colombia que busca “acercar a niños y niñas a la arquitectura”. Le pidieron que desarrollara un taller con infantes y adolescentes en torno al tema. Fabiola conocía bien la obra de Hejduk y le maravillaban las 63 estructuras (mascaradas) de “Victimas”, pero era consciente de que era un tema para tratar con cuidado. “Para nosotros –explica– era difícil la palabra ‘víctima’, pues sonaba demasiado agresiva. Entonces planteamos un nombre poético: Casa para mariposas, pues hacía alusión a que las mariposas, al igual que esas víctimas, tenían un gran valor dentro de su entorno, pero sus vidas habían sido de alguna manera cegadas prematuramente por la violencia.”

Entonces diseñaron el taller para que los niños desarrollaran una serie de memoriales donde los destinatarios fueran personas de sus vidas, a las que ellos consideraban que habían sido también víctimas, de cualquier tipo. “En ese momento no estábamos pensando en un conflicto armado ni nada parecido, sino en ese concepto de ser vulnerable.” Surgieron los temas del suicidio, el matoneo, la pérdida de mascotas y de objetos, la soledad. Y en ese tránsito aparecieron dos historias que les llamaron la atención y que eran contadas por dos niños desplazados por la violencia. Historias de pérdida y muerte violenta que reprodujeron de manera conmovedora en maquetas.
La experiencia le dejó a Fabiola la inquietud de trabajar el tema de violencia, conflicto e infancia desde la arquitectura. Su idea era crear memoriales hechos por niños, algo jamás se había dado en Colombia.

Así lo comentó a su equipo: Sebastián Fonseca y Jorge Raedó, asesor. Todos coincidieron: un día trabajarían en ello. En los años que siguieron desarrollaron numerosas actividades, sobre todo académicas y otras de diferente textura, alguna tangenciales al tema. Finalmente, en 2024, a Fabiola la llamó Carlos Barberá, arquitecto y profesor del Departamento de Expresión Gráfica de la Universidad de Alicante, para comentarle sobre una convocatoria de cooperación. Quería una alianza con LunÁrquicos.

Fue la coyuntura para trabajar el tema niños, violencia y arquitectura. Además “la Comisión de la Verdad en esos momentos estaba revelando las cifras sobre reclutamiento forzado de menores. Entonces consideré que debía proponer ese tema que siempre me ha impactado mucho, particularmente por su incidencia en los menores. Trabajamos y propusimos un proyecto donde ellos participaran directamente y pudieran expresar su reflexión sobre cómo el conflicto los ha afectado”.

Configuraron la propuesta que contemplaba, entre otros aspectos, la elaboración de un conjunto de 30 memoriales arquitectónicos y trabajar con menores afectados directa o indirectamente por el conflicto armado.

El propósito era unir los aspectos de la memoria, la niñez y el conflicto a través de un proyecto de creación arquitectónica y, con ello, procurar reflexiones que van desde lo artístico, lo simbólico, lo cultural y, obviamente, desde la memoria.

La intención: hacer que los niños se expresen desde el arte y la arquitectura, que expresen cómo han vivido o tenido pérdidas y cómo esas personas que perdieron, que han desaparecido de sus vidas pueden ser recordadas, rescatadas, a través de memoriales.

Esto es porque esos memoriales están hechos a partir de sus recuerdos y en los espacios que diseñan hacen que la pérdida de sus seres queridos, o sus momentos, animales u objetos, se reconstruyan o escenifiquen allí y recuerden sus acciones, sus palabras, sus hechos. “Pero no se trata de trascender el hecho violento de la pérdida”, dice.

Memoriales y arquitectura

¿Dónde radica el vínculo entre arquitectura, estética y memoria y qué propósito se desprende del mismo?

Fabiola dice que para entender “Casa de las mariposas” hay que entender a Hejduk. Ella pensó que lo hecho en “Víctimas” permitía ser utilizado con los nuevos diseños de los niños. “Allí esos edificios son como unas entidades poéticas que están en el espacio y condensan, mantienen o representan la biografía de las personas muertas en el Holocausto, Hejduk propone habitar la memoria”.

Explica que los monumentos siempre se quedan en un recuerdo congelado. Pero su idea es que “empecemos a recordar todas esas acciones o actividades que hacían las personas, su vida cotidiana. Se trata de recuperar tales historias a través de la memoria.”

Entonces ¿qué sucede en la Casa de las Mariposas?  Allí siempre “está el recuerdo del espacio que se habita o donde se manifiestan las acciones que te definen. Esa construcción está llena de actividades y de acciones, de recordar al que cultiva, siembra, a la mamá que teje, el tener un lugar para contemplar tu vida…” En esos espacios creados se colocan a las personas que no están, al animal que cantaba, a los libros que se leían. Un monumento es una batalla, una guerra, un hecho estático que recuerda ese momento. Pero el memorial tiene un elemento que es dinámico porque cada vez que usted se acerca, usted puede interactuar con él, lo puede reinterpretar y apropiar.”

En otras palabras, en esa construcción física donde se reconstruyen los recuerdos se puede subir una escalera, mirar un paisaje y después escribir un poema. “Nos parecía importante que los niños se centraran en las acciones que hacían las personas que habían desaparecido, en las víctimas que ellos eran. Porque la acción es el soplo de vida que se le da al objeto.”

Mariposas en San Jacinto

El propósito estaba claro y así Fabiola y todo el equipo LunÁrquicos y Carlos Barberá se concentraron en las regiones de las cuales saldrían los hacedores de memoriales, y conformaron dos grupos, uno de víctimas y otro de desmovilizados. El primero lo constituyen 16 niños y niñas de San Jacinto, entre los 9 y los 16 años de edad, que fueron seleccionados por la Asociación Red Antorchas.

“Al venir de un proceso de organización social que han hecho con la comunidad y con Red Antorchas, son menores muy colaboradores, muy solidarios entre ellos, muy receptivos y alegres.”

En los primeros dos días estuvieron presentes adultos porque se realizaron diálogos intergeneracionales. Después Fabiola y Sebastián trabajaron con ellos de manera aislada, pero con el acompañamiento de una psicóloga y una trabajadora social, ambas de Red Antorchas. “Nos hacían el acompañamiento por si acaso se abrían heridas durante el proceso.”

Así transcurrieron los días en esa región de sol audaz e interminable, en la que no solo escucharon a los niños, sino que también los vieron armar sus recuerdos, sus memoriales, que después al finalizar el ciclo, expusieron en la comunidad.

Estuvieron en el barrio de la Guitarra, uno de los barrios más golpeados por el conflicto armado durante los años 90. Una parte de la población ha sufrido desplazamiento generacional. No fue una experiencia difícil: “Como conocen del tema, han hecho muchos talleres y viven mucho las expresiones culturales y artísticas y están acompañados por sus familias. Todos pertenecen al mismo barrio, un barrio muy unido y organizado socialmente.”

Y al ser hijos de artesanos, de tejedores, tenían mucha habilidad manual e hicieron unas “muy interesantes maquetas con los elementos que les entregábamos. Como se conocían más, se contaban las historias y se ayudaban entre ellos para hacer las maquetas.”
El único obstáculo fue que, por ser niños pequeños, cuando les hablaban del memorial no entendían mucho. “Por eso llegamos a ellos con ese concepto de ‘casa para el alma’ que tenían en la antigüedad, donde se construyen espacios para que habite el alma y la memoria de personas fallecidas. Ese concepto sí les resultó comprensible.”

Mariposas en Bogotá

Fue en esta ciudad donde se conformó el segundo grupo: Territorios. Lo hizo el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y la Fundación Centro para el Reintegro y Atención del Niño (CRAN). El grupo inició con 12 jóvenes, pero solo ocho terminaron el proceso. Tienen entre 13 y 17 años y son jóvenes provenientes de diferentes zonas del país, son desmovilizados que fueron reclutados a la fuerza por guerrillas, paramilitares, autodefensas y otros actores armados. Tienen familia, mas por temas de seguridad tuvieron que separarse de ella y de sus lugares de origen. Están bajo medidas de protección.

Sus historias de vida son muy distintas. Están muy marcadas por la violencia. Fabiola cuenta que “eran menos receptivos. El CRAN quería que nos centráramos sobre todo en lo positivo, en que ellos entendieran que iban a una nueva vida, pues son muchachos que tienen traumas emocionales y psicológicos debido a lo que les ha tocado vivir.”

Los niños de San Jacinto han vivido la violencia como desplazados. Los de Territorios “han sido víctimas de otro modo. Fueron reclutados por grupos armados por lo cual tuvieron una participación en el conflicto al ser actores armados.”

Trabajar con estos jóvenes fue difícil al principio ya que, pese a conocer bien el tema, LunÁrquicos nunca había trabajado con menores desmovilizados. Por ello recibieron con agrado el permanente acompañamiento de las psicólogas en los talleres. Estas fueron muy claras: No abran heridas que luego no puedan cerrar. “Sebastián y yo hablamos mucho antes de empezar. Era importante, sobre todo, acercarnos desde el amor, desde el afecto y la sensibilidad. Entenderles. Son muchachos de origen muy rural, algunos de los cuales estuvieron mucho tiempo en los grupos armados. Nosotros llegamos con un taller de arquitectura que requiere de algún tipo de habilidades… Pero para ellos todo lo que tenía que ver con la expresión manual, con la representación plástica, les parecía que no era cosa de hombres. Habían portado y utilizado armas, entonces para ellos hablar a través del arte les parecía ridículo”.

Les tocó hacer muchos apoyos de imágenes y de elementos gráficos para hacerles entender que el arte y la arquitectura son un lenguaje que permite expresar aquellas cosas que ellos de pronto no podían procesar o entender de sí mismos. “Fue lo más difícil, pero a su vez lo más satisfactorio porque ellos después decían: ‘Creo que así nos queda más fácil hablar sobre lo que vivimos’. Incluso las psicólogas nos decían, «Han dicho más cosas haciendo esto que a veces hablando”.

Y así surgieron finalmente ocho memoriales memorables.

Mariposas por etapas

Tras casi un año de trabajo intenso, LunÁrquicos y la Universidad de Alicante cristalizaron por etapas ese proyecto que es el primero de esta índole que se realiza en Colombia: Arquitectura, memoria, paz e infancia, una simbiosis estética, creativa, de resiliencia y memoria.

Una simbiosis donde se conjuraron otros esfuerzos y apoyos: la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de la Alcaldía Mayor de Bogotá, la Fundación CRAN, la Asociación Red Antorchas y la Corporación Jurídica Humanidad Vigente.

Pero los esfuerzos mayores estuvieron en los arquitectos de la memoria, en esos niños, niñas y adolescentes que crearon 24 diseños cuyo destino es la exposición temporal en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación y que lleva por nombre “Casa para Mariposas. Arquitecturas imaginadas para la paz».

El proyecto fue estructurado en cuatro fases “porque, además de trabajar desde la memoria de los niños frente al conflicto, queríamos que fuera un proceso donde muchas personas se involucraran, para hacer más ruido, para poner el tema sobre la mesa de forma reiterada.”
Tras formular el proyecto y diseñar los talleres de arquitectura con los niños, se planteó la construcción de los memoriales. Se dio un proceso paralelo. Era la tercera etapa y se hizo con la Universidad Nacional, socio estratégico del proyecto: un laboratorio de diseño sobre memoria e infancia y conflicto.

Con estudiantes de arquitectura  se trabajó un taller para que diseñaran un parque urbano de carácter memorial, tal como lo había hecho Hejduk, quien coloca sus edificios en un parque memorial en Berlín.

Allí se planteaba dónde deberían ir los memoriales hechos por  los niños. Fabiola admite que esta etapa tiene un objetivo anhelado: “Es importante y necesario que en un país que parece no querer a los menores, donde casi un millón y medio de ellos han sido víctimas del conflicto, cuente con un Parque de Memoria para sanar las heridas”

Y la última etapa es la exposición del 29 de abril en el Centro de Memoria, donde las 24 piezas que en San Jacinto y Bogotá construyeron los menores están acompañadas por la maqueta hecha por los estudiantes de arquitectura: una especie de síntesis de distintas maquetas de los niños de San Jacinto y del CRAN.

“Lo que hicimos fue tomar una maqueta de un menor que había sido reclutado, denominada El puente para las almas y la transformamos en un dispositivo más pequeño para trabajar el tema de la memoria en la misma exposición”, explica Fabiola.
En la exposición también estará el producto de un ejercicio con los jóvenes del CRAN: “El lugar del nunca jamás”, que ellos habitaron con unas pequeñas esculturas de plastilina.

Vuelan las mariposas

Fabiola calla y sonríe cuando le pregunto sobre cómo se siente frente a este proyecto y que piensa hacia el futuro, dice: “Era importante darle un lugar en la historia a los niños y niñas pero es mejor si pensamos que este lugar no está hecho con arquitectura.”

La arquitectura en sí misma es un objeto inerte. Solo tiene sentido en tanto es habitada y animada por las acciones y las actividades de las personas. En un proceso de paz la construcción de edificaciones como memoriales o elementos que sean significativos puede ayudar a converger comunidades en espacios colectivos. La arquitectura puede crear espacios que sean abiertos para que se dé el diálogo.

Por eso su sueño es crear en Colombia Parques Memoriales para niños y niñas. Es necesario. “Algo que casi no se hace, es que se pueda trabajar directamente con los niños que están siendo víctimas, porque normalmente los relatos que se han contado en Colombia sobre los niños afectados por el conflicto se cuentan desde la voz de los adultos o cuando ellos ya son adultos.”

*Artículo publicado originalmente en The Prisma*- The Multicultural Newspaper. Prohibida su reproducción total o parcial.

Nota: las fotos de la exposición son de Jorge Raedó

Reseña del libro "Teatro total: vanguardias y espectáculo" de Josep Crosas

Mi reseña del libro "Teatro total: vanguardias y espectáculo" de Josep Crosas.
Ediciones Asimétricas, 2025. Publicada en Fronterad: https://www.fronterad.com/el-teatro-de-las-vanguardias-un-combate-en-el-ring-de-la-estetica/


"La humanidad, que antaño, en Homero, era un objeto de espectáculo para los dioses olímpicos, se ha convertido ahora en espectáculo de sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción, como un goce estético de primer orden". 
(Walter Benjamin citado por Josep Crosas en la p. 154). 

El libro de Josep Crosas es un texto ameno que sintetiza y relaciona las principales propuestas del teatro de las vanguardias del siglo XX: futuristas italianos, futuristas rusos, dadaístas, el montaje de atracciones en el teatro y cine ruso, la Bauhaus, surrealistas, la internacional situacionista.

Las máquinas emergieron con fuerza en la Europa de los siglos XVIII y XIX: máquinas impulsadas por el carbón, por la electricidad, por el petróleo. Las ciudades y las rutas se llenaron de máquinas que movían a personas y mercancías, los talleres se llenaron de máquinas que producían más máquinas -los llamaron fábricas-, las propias ciudades -ahora ya metrópolis- se convirtieron en grandes máquinas de precisión horaria y puntualidad productiva: los humanos tenemos que encajar dentro de la metrópolis maquinal o somos marginados. Walter Benjamin la llamó "la experiencia del shock": personas que chocan al moverse, rutinas corporizadas pero incomprensibles, un collage de sensaciones que aturden al ciudadano. Los lenguajes de la cultura -que hasta ahora forjaban identidades arraigadas- se traslapan con un ruidismo que aúlla la urgencia por destruir lo viejo y crear algo nuevo. El ciudadano deja de percibir y dialogar con su entorno porque no lo entiende y sí lo ensordece. El teatro de las vanguardias expresó la disociación de los signos y los significados de los lenguajes de la cultura Occidental, y se propusieron que sus espectadores percibieran y comprendieran tal dislocamiento. "Arrancar al público de su pasividad constituye la premisa básica del teatro de las vanguardias: impedir la identificación pasiva del espectador con lo representado, eliminando la separación permanente entre actores y espectadores, entre escena y público, forzando al público a participar" (p.22).

Para conseguirlo, los vanguardistas convierten el evento teatral en una sacudida perceptiva de sonidos, formas, colores, proyecciones, movimiento, etc. El espectáculo ya no recrea un espacio y tiempo ficcional, sino que es en el presente, aquí y ahora, como en el music-hall: las escenas transcurren sin una lógica clara de causa y efecto, como sí sucede en el planteamiento aristotélico desde hace 2000 años. El espectador percibe fragmentos de experiencias que su cuerpo tiene que recomponer y darle sentido espacio-temporal. La forma en sí -el significante- es más importante que el significado. O mejor dicho, la forma es el significado. De este modo, surge una abstracción positiva que estimula nuestros sentidos, amplía la percepción y ayuda a comprender lo que nos sucede. Todo montaje escénico que se precie de vanguardista e innovador tiene que "manipular" al público hacia este objetivo chocante y transformador. No obstante, algunas vanguardias quisieron una mayor participación explícita del público, aunque fuera con violencia; como los artistas futuristas -y los fascistas de Mussolini- ya no entendían su lugar en el mundo dado, su puesta en escena se basó en la aceleración de la civilización hacia su colapso.

"Miradas sobre la educación con la arquitectura para la infancia. Dos proyectos actuales" con Fabiola Uribe y Jorge Raedó

El 26 de marzo de 2026, Fabiola Uribe y yo celebramos una charla en el canal YouTube de la Sociedad Colombiana de Arquitectos - Regional Nariño, gracias a la invitación del arquitecto Pío Cid. Pueden ver la charla en el canal YouTube de la SCA Nariño y en el canal YouTube Osa Menor

En la primera parte de la charla, yo doy unas pinceladas del mapa teórico que escribe y ordena las decenas de profesionales en el mundo que trabajan e investigan en el campo acotado por la infancia, la arquitectura y la educación. La labor de Fabiola y mía se inscribe, sobre todo, en el grupo de la "educación con la arquitectura como lenguaje"; pero se impregna también de los grupos de "proyectos de participación", "creación de materiales didácticos y juguetes de arquitectura" y en el grupo de la "formación continua del profesorado".

Muestro algunos ejemplos de proyectos educativos que he hecho con colegios y museos en varios países, y señalo algunas de las características principales de mis proyectos, por ejemplo: 1) el arte está hecha de obra tangibles de arte, por lo tanto, aprender arte es aprender a hacer obras concretas; 2) el proceso de creación es el proceso educativo; 3) el contacto del niño con la materia —barro, papel, pintura, espacio, etc.— es fundamental para su buen desarrollo cognitivo (siempre un cuerpo en permanente interacción con el ambiente); 4) aprender arte como lenguajes de expresión personal facilita la integración del niño dentro de su atmósfera cultural; 5) cuando la artista trabaja dentro de colegios o jardines infantiles, siempre tiene que hacerlo en codocencia con las profesoras del centro; 6) cuando el sistema educativo y sistema cultural de una localidad colaboran en la formación de las nuevas generaciones, los resultados son mejores para la infancia participante.

Mi participación finaliza con imágenes de mi investigación doctoral "Educar con la arquitectura. Itinerario de experiencias en ámbitos educativos de Bogotá", realizada con la Facultad de Educación y Psicología de la Universitat de Girona (director de tesis: Albert Macaya) y la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia (directora de tesis: Silvia Arango).

Fabiola mostró imágenes de algunos de sus proyectos con museos, colegios y otras instituciones. La base teórica que ella expone acata una certeza pedagógica que defienden algunos de los mejores pedagogos —por ejemplo, Gert Biesta— y dice (cito de memoria): "Enseñar es siempre enseñar algo, enseñar a alguien, enseñar por una razón determinada".

Fabiola ha desarrollado un contenido curricular para la enseñanza con la arquitectura en la educación formal e informal, tanto en museos como colegios, que se centra en tres ámbitos: 1) experiencia del niño con el ambiente y los materiales, siempre para alentar una conciencia espacial y crítica del mundo que habita con el fin de mejorarlo; 2) aprendizaje a través de la observación objetiva y la percepción corporal-intelectual, la creación de propuestas espaciales con la representación bidimensional y tridimensional del espacio; 3) un ABC del lenguaje de la arquitectura que consta de espacio, forma, estructura, lugar y paisaje, función pragmática y simbólica.

Estos objetivos educativos han pautado los diseños que Fabiola ha hecho de materiales didácticos y juguetes, que se pueden usar tanto dentro de la educación formal como en el juego libre del niño. Entre los proyectos que nos muestra a modo de ejemplo, destacan aquellos donde este ABC de la arquitectura como lenguaje se aprende mediante procesos participativos, donde se diseñan proyectos espaciales colectivamente; y aquellos que se llevan a cabo dentro del horario escolar en codocencia entre la profesora y la arquitecta, como el que realiza con la profesora Sandra Suárez de un colegio de Minneapolis.

Finalmente, Fabiola muestra algunas imágenes del proyecto actual "Casa para Mariposas" sobre infancia, memoria y conflicto armado en Colombia, que realiza con la Universidad de Alicante en colaboración de la Universidad Nacional de Colombia, y que concluirá con una exposición en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación del Distrito de Bogotá a finales de abril de 2026.

En el turno de preguntas, vislumbramos la importancia de la formación del niño y el joven mediante los lenguajes de arte para su desarrollo emocional y cognitivo. Actualmente, con el apabullante predominio del computador en el proceso de diseño arquitectónico, hemos disminuido demasiado el aprendizaje del arte de la arquitectura con el uso del cuerpo: manos que dibujan, pintan, esculpen, moldean, construyen maquetas; cuerpos que se mueven alrededor de objetos o recorren espacios; experimentaciones somáticas que despiertan la conciencia de la medida de las cosas y su realidad ambiental. La neurociencia confirma la importancia del espacio y el arte en nuestro desarrollo.

Si el cerebro y la mente de los jóvenes se desarrollan hasta bien entrados los veintitantos años —tal como corrobora la investigación de la neurociencia—, entonces las universidades son esenciales para favorecer ese desarrollo integral del individuo y futuro profesional; quien, así, será capaz de percibir las necesidades ciudadanas con responsabilidad ética y estética, para luego buscar las soluciones espaciales más adecuadas.

Reseña sobre el libro "Tejidos Oníricos. Movilidad, capitalismo y biopolítica en Bogotá (1910-1930)".

Mi reseña sobre el libro "Tejidos Oníricos. Movilidad, capitalismo y biopolítica en Bogotá (1910-1930), Santiago Castro-Gómez. Editorial Pontificia Universidad Javeriana. Reseña publicada en: Fronterad (castellano): https://www.fronterad.com/los-tejidos-oniricos-del-filosofo-santiago-castro-gomez-aplicados-al-capitalismo-colombiano/


El filósofo colombiano Santiago Castro-Gómez ha dedicado parte de su trayectoria a discernir la identidad colombiana –y latinoamericana en general– como una forma propia, no calcada de las identidades europeas o anglosajonas. La teoría de la dependencia (1950-1970), la filosofía de la liberación (desde 1971) y el giro decolonial (desde la década de los noventa, aunque hoy algo alicaído) son los movimientos intelectuales que han labrado este camino de autorreflexión contemporánea. Castro-Gómez analiza sus componentes esenciales tanto por escrito como en su recomendable canal de Youtube. El concepto de transculturación que él propone es útil para entender el intercambio entre civilizaciones: existe un contagio permanente en todo contacto y comunicación; no hay, por tanto, pureza simbólica ni identitaria. Las ciudades también son fruto y escenario de la transculturación. En su obra Tejidos oníricos. Movilidad, capitalismo y biopolítica en Bogotá (1910-1930), Castro-Gómez estudia una capital que, en apenas dos décadas, buscó transformarse de urbe colonial en una ciudad con voluntad y deseo “modernos”. Ese salto implicó transitar de un espacio-tiempo local, cercano y casi inmutable, a uno veloz, de cambios súbitos y conexiones raudas que proyectaban horizontes lejanos para sus habitantes. En definitiva, se trataba de construir un Estado moderno con sus propias estructuras, instituciones, tecnologías y estética.

“Las elites dirigentes, liberales y conservadoras, saben ahora que no habrá Estado a menos que se produzca una inscripción de la ley sobre el cuerpo de la población. No bastaba, entonces, con la proclamación formal de la ley, pues esta supone una abstracción sobre la enorme heterogeneidad de la población a ser gobernada. La existencia del pueblo soberano, fundamento del Estado moderno, requería, entonces, la producción de una población capaz de desear la ley, de unas subjetividades aptas para tener una “conciencia moderna” (página 152).

El Estado moderno exige una estética nueva y amada: una percepción fenomenológica distinta del entorno y una proyección del deseo que nos aleje del oscuro pasado para conducirnos, sin espera, al futuro luminoso. La escenificación bogotana de este ideal fue la Exposición Agrícola e Industrial de 1910, a semejanza de las grandes exposiciones universales celebradas en Europa y Estados Unidos desde mediados del siglo XIX. Estos eventos tenían la función de reunir lo novedoso y mostrarlo ordenadamente para convencer al visitante de que su época era la más afortunada, la cima evolutiva de la inteligencia. A su alcance estaban maravillas tecnológicas como el tren, el automóvil, el teléfono, el avión, el cinematógrafo o el alumbrado eléctrico; también conocimientos derivados de la biología, la química, el urbanismo o la psicología. Todo ello buscaba que nuestros cuerpos y mentes fueran más sanos, productivos y seguros que antaño; en definitiva, que la vida fuera una experiencia intensa, eficiente y justa –con nosotros mismos y los nuestros– dentro del orden y la velocidad establecidos por la autoridad. Según el Estado moderno, somos todos ciudadanos; no obstante, quienes no cumplen la norma dejan de ser parte de ese proyecto de modernidad. El libro analiza estos componentes en cinco capítulos llenos de ejemplos históricos y mediáticos. Leemos el libro en 2026 y entendemos mejor la evolución de Bogotá. Sin embargo, hoy el tráfico motorizado en la ciudad es cada vez más lento –apenas 15 km/h– y el transporte público en hora punta es como viajar en una lata de sardinas. Llegar a un pueblo cercano puede costar más de tres horas debido a los habituales trancones (atascos), mientras que viajar en avión por el país resulta económicamente prohibitivo para la mayoría. La modernidad bogotana es una pompa medio imaginada. 

Conversación ANIDAR con Andrés Donoso (Ecuador). Las Escuelas del Milenio en Guayaquil

La Conversación ANIDAR con Andrés Donoso (Ecuador) se celebró el 12 de marzo de 2026 en el canal youtube de Arqa. También participó el arquitecto Carlos Benavides, de Bogotá, quien colaboró con Jorge Raedó en las preguntas a Donoso.

 (Vídeo también en el canal youtube de Arqa: https://www.youtube.com/live/2YZ0k2hzXjE?si=9OsG5a9boufvg572) 

La conversación se divide en tres partes. La primera trata sobre los antecedentes y factores que se conjugaron para la conformación de un nuevo estándar de infraestructura escolar en el Ecuador de 2007-2016; la segunda, sobre los modelos de gestión que se produjeron previos al estándar definitivo; y la tercera, sobre los quiebres y permanencias de las Escuelas del Milenio.

Los Objetivos del Milenio planteados por la ONU apuntaron a que todos los niños y las niñas del mundo tuvieran una formación completa en todas las etapas de su desarrollo. Ahí se enmarca la política pública de Rafael Correa: que todos los menores de Ecuador se formaran desde la educación inicial hasta el bachillerato. El boom económico, gracias a los precios del petróleo, permitió un gran proyecto nacional para construir nuevos centros educativos de calidad por todo el país. El Ministerio de Educación del Ecuador planteó un diseño variado y adaptado a las diversidades climáticas y culturales del país; sin embargo, poco después se abandonó este plan para uniformizar la propuesta arquitectónica de las Escuelas del Milenio. Incluso hubo interferencias no profesionales —hasta del mismísimo presidente del país— que decían cómo tenían que ser esos colegios. La principal preocupación política fue crear una imagen uniforme de los colegios en toda la nación; es decir, que todo el mundo reconociera que esos centros se construyeron bajo una cierta presidencia.

Como consecuencia de esta actitud poco dada al diálogo entre el campo de la educación y la arquitectura, los diseños construidos con el estándar final obviaron el conocimiento aportado por decenas de buenos ejemplos de los siglos XX y XXI, tanto en América Latina como en otras partes del mundo. Incluso obviaron los aciertos de los primeros diseños de las Escuelas del Milenio, hechos mediante concursos públicos. Tampoco promovieron la participación del profesorado y las familias de cada zona donde se iban a construir las escuelas; no se adaptaron los esquemas compositivos a las realidades climáticas y tecnológicas locales, ni los diseños se acoplaban a objetivos pedagógicos bien definidos.

Como resultado, las Escuelas del Milenio construidas a partir del estándar definitivo sí aumentaron el porcentaje de cobertura educativa nacional (damos por sentado que cumplen con todas las normas de sismorresistencia y constructivas), pero no crean atmósferas educativas cálidas, acogedoras y estimulantes para una educación contemporánea. Por ejemplo, las aulas son simples, sin riqueza espacial que fomente varios ambientes dentro de ellas para diversas metodologías pedagógicas, y casi sin permeabilidad funcional entre el interior y el exterior. Asimismo, la relación entre el complejo educativo y el entorno urbano que lo acoge es opaca, sin un diálogo espacial que potencie el sentido de pertenencia.

Andrés Donoso señala las virtudes de la estandarización en un proyecto de escala nacional como las Escuelas del Milenio. Él considera que una buena estandarización, fundamentada en objetivos pedagógicos y eficiencia económica, sí podría ser flexible y adaptarse a las realidades climáticas, tecnológicas y culturales de un país diverso como Ecuador. Junto a la alegría que nos produce la construcción de tantos colegios, nos queda un poso de tristeza porque sabemos que, con el mismo presupuesto y tiempo, los proyectos podrían haber quedado mejor.

Carlos Benavides recuerda los aciertos que la ciudad de Bogotá ha tenido en la construcción de colegios en los últimos 25 años y señala que la clave es encontrar el equilibrio entre la calidad y la cantidad, entre los recursos (de tiempo, espacio, dinero y humanos) y el diálogo interdisciplinar imprescindible para alcanzar la mejor obra posible. Sin embargo, los siguientes presidentes de Ecuador se limitaron a construir más Escuelas del Milenio iguales a las ya construidas: sin más reflexión, sin más estudio ni autocrítica, y sin una verdadera ambición arquitectónica ni pedagógica que posibilite la mejor educación para la infancia y la juventud ecuatoriana.

La conversación con Andrés Donoso despierta nuestro optimismo ante futuras iniciativas nacionales y locales: partir de los conocimientos acumulados en la historia reciente de la arquitectura escolar; mantener el diálogo entre el sector educativo y el arquitectónico; fomentar la participación de los protagonistas del proceso educativo de cada lugar; respetar la identidad cultural local; y apoyar una voluntad política pragmática y profesional en todas las fases del proceso —sin ímpetus mesiánicos “refundadores de la patria”, sea del signo político que sea—.

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Carlos Alberto Andrés Donoso Paulson, PhD.

Nacido en Guayaquil, Ecuador. Obtuvo el título de Arquitecto en 1984 por la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. El título de Master en Administración de Empresas por la Escuela Politécnica del Litoral y el título de Doctor en Diseño por la Universidad de Palermo en Buenos Aires, Argentina.

Después de practicar la profesión de forma independiente y de un corto paso por la función pública en temas de gestión de establecimientos educativos, ocupando la Dirección Regional de Servicios Educativos, desempeña en la actualidad la docencia en las Facultades de Arquitectura de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil y la Universidad Casa Grande.

Consecuencia de su investigación realizada en su tesis doctoral donde analiza las intersecciones entre el diseño arquitectónico y las políticas públicas educativas, utilizando las Escuelas del Milenio en el Ecuador durante el periodo 2007-2016, está en prensa el libro: Transformaciones en la tipología de la Arquitectura Educativa Pública en la ciudad de Guayaquil durante la década 2007–2016.

Reseña sobre el libro "Débora Arango de perfil. Su vida, su obra, y su tiempo"

Mi reseña sobre el libro "Débora Arango de perfil. Su vida, su obra, y su tiempo", de Víctor Cabezas Albán. Planeta Colombiana, 2025. Reseña publicada en:
Fronterad (castellano): https://www.fronterad.com/tras-las-huellas-que-dejo-la-pintora-colombiana-debora-arango/
The Prisma (inglés y castellano): https://theprisma.co.uk/2026/03/09/in-the-footsteps-of-colombian-painter-debora-arango/ 


Débora Arango es una de las pintoras más valiosas de la pintura colombiana del siglo XX. Es valiosa por la calidad de su trazo, sobre todo en la acuarela: intenso, agitado, para nada frágil; como si pintara con vino y sangre, no con agua. Es valiosa por su mirada sobre la sociedad colombiana: la observa desde muy cerca, la toca y la huele; la analiza con distancia intelectual; ordena a sus personajes en espacios interrelacionados donde las causas y efectos de sus acciones hacen avanzar la historia del país. Débora Arango de perfil. Su vida, su obra, y su tiempo es una biografía sui géneris sobre la pintora. Víctor Cabezas Albán, su autor, actúa como un investigador que sigue las huellas de ella –a la que nunca conoció en persona– y, sobre todo, de los personajes que se cruzaron en su vida. Cabezas nos muestra pinceladas de las vidas de los dos artistas que enseñaron técnicas de pintura a la joven Débora en Medellín; al líder político Jorge Eliécer Gaitán y a Amparo Jaramillo, que le ayudaron a exponer en el Teatro Colón de Bogotá. Varios presidentes de Colombia aparecen también en esta obra porque tocan teclas importantes para ayudar u obstaculizar la trayectoria de Débora.

Las páginas dedicadas a mostrarnos pinceladas de la vida de las pintoras expresionistas alemanas Käthe Kollwitz y Elfriede Lohse-Wächtler son necesarias para entender la mirada crítica de Arango. El expresionismo social alemán contagió la mirada descarnada –y bastante desesperanzada– de Arango, que recrea sucesos históricos de Colombia con la lógica del dramaturgo. Por ejemplo, en el cuadro donde refleja el Bogotazo, o rebelión popular del 9 de abril de 1948, que arrasó con gran parte de la capital: en el limitado espacio de la puerta de una iglesia vemos la ira y el miedo que se retroalimentan, la sensación de injusticia social y el hambre –aunque Débora nunca lo padeció–.

Al final del libro hay fotos de nueve cuadros. Llama la atención El tren de la muerte. Vemos un tren con vagones de carga con grandes puertas abiertas: dentro hay decenas de cadáveres. Acuden a nuestra mente flashes de trenes llenos de cautivos que cruzaban Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, Arango pintó el cuadro en 1948, semanas después del Bogotazo, a partir de una escena que vio en Puerto Berrío, a orillas del río Magdalena. Cabezas no ha averiguado qué es lo que Arango vio exactamente. El biógrafo plantea una hipótesis que aquí no desvelo por lo inquietante. El tren de la historia no se detiene. Débora Arango se retiró de la vida pública en 1955 y cayó casi en el olvido. Se refugió en su finca antioqueña, donde siguió pintando hasta su muerte en 2004. Desde 1986, su obra experimentó una paulatina recuperación en el imaginario social y en el mercado del arte. Al margen de sus preferencias políticas, hoy en día ella es considerada una de las grandes artistas colombianas.



"Conrear l´espai educatiu. Els infants fan arquitectura" de Clara Eslava y Jorge Raedó en la revista In-fàn-ci-a.

"Conrear l´espai educatiu. Els infants fan arquitectura" ("Cultivar el espacio educativo. Los niños hacen arquitetura)", artículo de Clara Eslava y Jorge Raedó en la revista In-fàn-ci-a 267 (nov-dic 2025). 

La Asociación Rosa Sensat prosigue su labor imprescindible para la evolución y difusión de la educación. https://www.rosasensat.org/es/revista/infancia-267/infant-i-societat-conrear-lespai-educatiu-els-infants-fan-arquitectura/









La participación de los niños en el aprendizaje de su arquitectura y patrimonio. Universidad Nacional de Colombia

 "Foro de investigación. La participación de los niños en el aprendizaje de su arquitectura y patrimonio". Organizado por la Dra María Isabel Mayorga como parte de "Recorridos por el patrimonio, la arquitectura y la ciudad - Documentación gráfica del patrimonio". Facultad de Artes. Universidad Nacional de Colombia, sede de Bogotá. 

Con la intervención de: Luz Teresa Gómez, María Isabel Mayorga, Fabiola Bernardina Herrera, Jorge Raedó, Fabiola Uribe, Andreia Peñaloza y Eliana Núñez. 

Fotos de María Isabel Mayorga, Fabiola Herera, Fabiola Uribe, Jorge Raedó, Camila Velasco.  

      Luz Teresa Gómez (izquierda) y María Isabel Mayorga (derecha)
 

  

Fabiola Bernardina Herrera

Jorge Raedó

                                                          Fabiola Uribe

Momento del encuentro

De izquierda a derecha: María Isabel Mayorga, Fabio Gutiérrez, Fabiola Herrera, Eliana Núñez (en pantalla), Fabiola Uribe, Jorge Raedó, Juan Melo, Claudia Celis.

Charla en Universidad América, Bogotá.

8 octubre 2025. Charla de Fabiola Uribe y Jorge Raedó sobre sus proyectos con "Lunárquicos. Práctica experimental de arquitectura para niños" y "Osa Menor" en la Semana Cultural de la Universidad América, Bogotá, Colombia. 

Taller con estudiantes de arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, mayo - julio 2025

"Educar es dar forma. Material didáctico para la educación de arquitectura en Primaria de Bogotá" es un taller que realizamos con nueve estudiantes de arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá entre mayo y julio de 2025. 

Los estudiantes de arquitectura, de los semestres 5º a 10º, son (por orden alfabético): Rubén Albarrán, Julián Arias, Alejandro Ávila, Sarita Bautista, Juan Corredor, Hanna Fagua, Nicolás Prieto, Mauricio Rodríguez, Juan David Villabón. 

El taller fue con el formato de Seminario de Actualización y Formación Avanzada (SAFA) de 36 horas en once sesiones y es parte de la investigación doctoral que llevo a cabo con la Universitat de Girona y la Universidad Nacional de Colombia. Los directores de tesis son Dr Albert Macaya y Dra Silvia Arango. En este conversatorio con la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia del 24 de septiembre de 2024 explicamos el desarrollo de la investigación hasta ese momento con la presencia de la Profesora Martha Guerrero del Colegio Técnico Menorah y la Profesora Giovanna Suárez del Colegio San Bartolomé La Merced. 

El taller SAFA "Educar es dar forma" constó de once sesiones. Las cuatro primeras sesiones se dedicaron a los primeros diseños de los materiales didácticos. Desde la quinta sesión hasta la undécima, los estudiantes de arquitectura probaron sus materiales con niñas y niños. A partir de lo que observaban en cada sesión, hacían cambios en sus materiales o en la secuencia didáctica de su uso. La sesiones sexta y séptima fueron con estudiantes de 7 y 8 años -y su profesora Fernanda Carranza- del colegio IPARM de la UNAL. Las demás sesiones las hicimos con estudiantes de 4 a 5 años -y su profesora Carmen Lucía Chavarro- del Jardín Infantil de la UNAL. La última sesión, a modo de cierre, la hicimos en el Museo de Arquitectura Leopoldo Rother de la UNAL y asistieron los alumnos de 4 y 5 años de la profesora Chavarro. También asistieron para comentar los diseños de los estudiantes: la Directora Margarita Corredor y la profesora Martha Casallas del Jardín infantil, además de la Dra Silvia Arango, Dra Sandra Durán, Dr Víctor Hugo Velasquez, arquitecta Fabiola Uribe y la Profesora Consuelo Martín. 

El eje teórico del taller son los estudios de Piaget e Inhelder (1967) sobre las tres concepciones del espacio: topológico -que se desarrolla sobre todo de los 2 a los 6 años-, proyectivo -de los 6 a los 9 años-, euclidiano -de los 9 a los 12 años-. Si bien es una teoría inexacta en algunos aspectos, como la relación de habilidades espaciales que pueden adquirir a esta o aquella edad, la propuesta de Piaget e Inhelder sigue vigente -casi como metáfora poética- de la relación de nuestro cuerpo en el espacio. Con la educación apropiada los estudiantes desarrollan la conciencia espacial como parte de su desarrollo cognitivo. ¿Qué es la conciencia? "Nos volvemos conscientes cuando sabemos, sin ninguna duda, que el contenido de nuestras mentes pertenece a nuestros respectivos cuerpos." (Damasio y Damasio, 2022, p.2231). La neurociencia confirma que todo cuerpo existe con el espacio donde habita en permanente simbiosis (Ruzzon, 2022). 


Damasio A., y Damasio H. (2022). Homeostatic feelings and the biology of consciousness. Brain, 29;145(7),  2231-2235.
Piaget,J., Inhelder,B. (1967). The child´s conception of space.The Northon Library
Ruzzon, D. (2022). 
Tuning architecture with Humans. Neuroscience applied to architectural design. Editorial Mimesis Internacional.


                                                    Diseño de Alejandro Ávila.

 

        Diseño de Rubén Albarrán.  
 
 
Diseño de Juan Andrés Corredor. 

 
Diseño de Mauricio Rodríguez.
 
 
 Diseño de Julián Arias. 
 
 
Diseño de Hanna Fagua y Juan David Villabón.
 
 
Propuesta de Nicolás Prieto. 
 
 
Propuesta de Sarita Bautista.